Archivo para la Literatura categoría

Ken Folletea?

Posteado en Literatura con etiquetas, , , , sobre Julio 16, 2008 por quintamaravilla

El autobús de la una llega a su hora, a y cinco. Ya sabe uno lo que puede hacer con una si se la hinco: complacerla, claro está. Busco sitio en la izquierda como siempre, cerquita de la puerta hay dos filas libres; puedo elegir entre detrás de la guapa o delante del del reguetón. Obviedades no digo. Lo primero que llama mi atención es su hombro derecho y sus tirantes. Se mueven poco a poco, como queriendo acariciarla. Parece recatada, enseguida se lo coloca como hago yo con mi miembro tirante el (que puede ser) blanco. Echo un ojo a su lectura. Leo cosas de abades. Coño, ya tenemos algo en común -dejo de lado mi ‘Abadesa de Castro’- y sigo leyendo de lo suyo a ver si (se) me sube. Distingo pueblos de la Llanada y apellidos vascos. ¿Qué posibilidades hay de descifrar qué libro lee con tan sólo dos páginas? En caso de superdotados (”that’s what she said“) como yo, alguna que otra. Voto por Follett y su catedral.

Nos adentramos en la autopista y mira un par de veces hacia la derecha; no sé si es que tiene tierras y patatas por aquí o simplemente se ha dado cuenta de que escribo sobre ella y quiere ver cómo la veo. Cruza los brazos y cierra los ojos; antes de una buena fiesta hace falta una buena siesta. Dedos de tocarse sin reparos, uñas mordidas con escuadra y cartabón, labios carnosos con hambre de carne. Su prominente moño a lo estrella de rock le impide dormir erguida, así que el chacachá del bus acerca su cabeza hacia mí y no tengo que fisgar para verla. Se rasca la nariz: esto huele a matrimonio.

Unos leggings negros de Casco Viejo me dicen que habré de pagar peaje -posiblemente en Altube- para andar y desandar ese camino, pero una vez canjee mis fichas por besos y tocamientos todo irá como la seda. Como el tejido de su vestido, de marca “Amira”. Ah mira, si no es capitalista, es de las mías. ¿Para qué gastarte 100€ en un vestido cuando puedes gastar 10? ¿Para qué quedarte en 10 orgasmos si te puedo dar 100 de 3 en 3? Despierta, maldita, sólo tenemos una hora. Después, nos despediremos sin decir nada, tan sólo una mirada inocente por tu parte y un calentón por las mías.

Me saco un moco y me rasco los huevos, a dormir la siesta del carnero. Total, este amor no es el primero que por pereza dejo pasar, ni será la última que me rechace sin saberlo ni saber todo lo que sé. Sí bonita, tápate que vienen curvas.

Reloj, no marques las horas…

Posteado en Literatura con etiquetas, , , , , sobre Julio 8, 2008 por quintamaravilla

No contestas a mis mensajes, no tengo noticias de ti. Desapareciste como apareciste. De repente, de la nada. Te acercaste a un pobre cachorrito en celo, sin fe en nada y ganas de todo. El elixir de cebada (a aquello me niego a llamar “cerveza” a pesar de los 8 euros) ya había hecho su efecto y mi labio menor ya estaba dispuesto a mojarse en la boca de la primera fémina que se echara a mis brazos. Previo paso por la exhibición de los domingueros en tarde de sábado, claro. Dicen que el marisco es afrodisíaco, pero ¿y el xirimiri? Humedece las almejas y con las palabras dulces de Jerónimo las va abriendo cual tulipán en plena primavera.

Dicho lo cual, no me importan las fórmulas rutinarias ni las pautas de comportamiento; me salto el protocolo y te devoro a besos. Dime dónde vas y te diré qué quieres; porque aquí donde me ves, con mi tripa y mi barba, soy la personificación de Eros en la Tierra y te subiré a las cotas más altas jamás coronadas. Pero claro, tienes que querer. Pero claro, tienes que quererme. A ver si ahora te vas a pensar que soy un cualquiera con el que darte besitos cuando llueve… No no no. A mí o me das el elixir de tu tripa cebada o aquí paz y después gloria. Que una cosa es que sea medio tonto y otra es que sea tonto entero. Soy un becerro con ganas de mamar de tus mamas y arrimarme a ti cuando haga frío, para que tu sabiduría me proteja y tu calor me caliente. Ande yo caliente.

Por suerte o por desgracia, he recuperado la fe. Como ya hice antes, cuando una desconocida se enamoró de a saber qué encantos y me abandonó a las primeras de cambio. Pero oye, por un momento, volví a creer. En todas esas cosas que salen las películas, en esos dimes y diretes, en el saca y mete, en el hoy por ti mañana también por ti, en el despertarse eyaculando, en el desayunar carcajeando y en el volverme a dormir viendo cómo duermes. Con la boquita abierta, como asombrada por lo feliz que te hago y lo bien que te sientes…

Pero eso aún no ha llegado. Estoy esperando. ¿Estás esperando?

La Diosa Yeruska - El olvido total.

Posteado en Literatura con etiquetas, , sobre Julio 7, 2008 por quintamaravilla

Hay quien me pregunta que por qué no elaboro más o mejor los títulos de mis entradas. Quien me sugiere que siendo algo para leer en internet, el formato molaría más si fuera más corto. Ya que dice que a veces no hay tiempo y es mejor leer textos breves.
Hay quien me sugiere que escriba de otros temas. Hay quien me aconseja que debo pulir los textos, revisarlos, fragmentarlos, y demás.
Cuánto sugieren y sugieren y sugieren y sugieren.

Cuando me apetezca, daré mis razones a todo ello. Si es que algún día me apetece justificarme, excusarme o contrariar.
Por si no lo sabían, y rompiendo las falsas apariencias, diré que yo soy una persona muy seria y no acepto las tonterías. Esto me hace muy intransigente o intolerante. Y esto por decir algo, porque tampoco tengo ganas de entrar en detalles.
¿Entonces por qué escribo si lo dejo a medias? Porque me apetece escribir la mitad de las cosas, es cuestión de “desahogo”.

He visto la película mítica “desayuno con diamantes”, ya sólo por saber por qué gustaba tanto. Pues tenía otra impresión de dicha película, me la imaginaba una “ñoñez” infumable, pero ha estado bien.
También me he visto la de “La vie en rose” sobre la vida de Edith Piaf. Claro, me encanta Edith por lo que no puedo ser objetiva. Pero está clavada, la actriz.
El otro día me ví la película de Billy Wilder “Testigo de cargo”, y claro, me encanta Billy, así que diré que hay pelis suyas que me gustaron más, pero tiene sus puntos cómicos que me flipa. Pero Marlene Dietrich tiene lo suyo.
También vi de Billy Irma la dulce, que me gustó mucho, con Shirley Maclain y Jack lemmon. Y también ví “La tentación vive arriba” con Marilyn Monroe. ( Es de ahí la frase del otro día). Y “Bandeja de Plata” de Wilder también. Y la “Extraña pareja” donde sale Jack Lemmon y Walter Matthau. Super guay :)
Y he visto la de “Le corbeau” de Henri-Georges Clouzot.
Esto para ir viendo qué merece la pena y qué no.

Eso es todo amiguitos.Oink.

*****************

Podéis leer más esta diosa en su santo blog.

Risto Mejide - Magia potagia

Posteado en Literatura con etiquetas, , , , sobre Julio 5, 2008 por quintamaravilla

Nada por aquí, nada por allá. Tu último desahucio emocional y su posterior embargo, te han vuelto a dejar con lo puesto. Se te van enfriando los reproches y ya se sabe que esos, fríos, no valen nada. Desaprendes rutinas ajenas, reconquistas las propias que recuerdas y poco a poco vas iniciando una nueva mudanza de palabras vacías que hay que enjuagar primero con lágrimas de todo tipo, para volver a llenarlas algún día de sentido, sensibilidad y así luzcan otra vez como se merecen.

Nadie por aquí, nadie por allá. El mercado no ha hecho más que ir a la baja desde que tú lo abandonaras. Qué pereza. Qué decepción. Que no, que te quedas en casa. No piensas volver a contar tu vida en tu vida. Si eso, la publicas en un blog, y que se vayan actualizando los nuevos. Pero qué nuevos. Siempre quisiste lo que no podías tener, y ahora que podrías tenerlo todo, no apetece ni siquiera quererlo.

Desempolvas tu agenda con la esperanza de seguir desempolvando. Más pereza. Dónde están ahora todas esas oportunidades que dejaste pasar porque estabas por otra cosa (sí, ahora le llamas cosa). Dónde las frases bonitas que cayeron en tu saco roto (a tomar por ídem). Dónde las gotas que jamás colmarían tu vaso (lleno de mitades vacías).

Y así por aquí, y así por allá. Parece que hoy sólo serás capaz de escuchar las mentiras que empiezan por nunca más. Las únicas que estás dispuesta a creerte. Las únicas que te hacen sentir que estás aprendiendo.

De pronto, coño, una chistera. A ése qué le pasa, por qué te sonríe, igual tienes un moco y no te lo has visto. Y ahora por qué empieza a decirte cosas que has oído ya cientos de veces, en más de mil y una noches, y sin embargo, a él le obsequias con una cara de atontamiento generalizado, como si de repente tu cociente hubiese decidido dividirse por su infinita torpeza.

Tus ganas de volver a ser incoherente o contradictoria o tonta del culo te hacen ignorar tanta tradición de chistes malos sobre polvos mágicos y conejitos felices, en el mismo instante en el que ese prestidigitador de tres al cuarto decide jugársela a una carta y te pide que memorices su número.

Quizás por tus ganas de olvidar más que por las de recordar, decides huir hacia delante y prestarte voluntaria para ser su mano de todo menos inocente.

Empezáis a veros con esa imposible mezcla de ilusión e incredulidad, una mezcla que te resulta demasiado familiar, pero como cada persona es un mundo, algo dentro de ti va repitiendo el mismo mantra.

Que sí, que esta vez será diferente.

Te convences tanto a ti misma que hasta parece que convences a los demás, y ya nadie te pregunta el porqué de tanto birli ni de tanto birloque. Buscas los argumentos que apoyen tu nueva tesis, y suenan cada vez más maduros de pelar. Hoy te sientes más mujer que la de cualquier anuncio de compresas.

Quizás por eso, al final, sintiéndote la más fina, segura, confundida y bipolar, coges el teléfono y te decides a hacerme la pregunta del billón.

Cuál es el truco.

Ja. A ti te lo voy a contar.

Mano que teta no abarca no es mano sino zarpa

Posteado en Literatura con etiquetas, , , sobre Julio 4, 2008 por quintamaravilla

Y punto pelota. Sabía que terminaría olvidando todo lo malo por culpa de ese vino barato, o gracias a él. Aunque tonto soy un rato, rara vez hago tonterías sin querer. Me gustan los juegos, pero no que jueguen conmigo. Me gustan los senos, pero no que se nos vaya el asunto de las manos hasta tal punto. Me gustan los muertos, porque ellos gozan de la fama que yo no tengo.

Me cansa tu vida de artista y tu cintura de avispa, tampoco estoy para estos trotes. Sólo quiero una doncella dedicada y masajista, que me desbloquee y me ayude a relajarme. Tanto física, psíquica como sexualmente. Si no cumples estas tres premisas, vete a misa, pide perdón por tus pecados y da las gracias por haberme cognocido, yo también encantado de haberte coñocido. Necesito sentirme único, especial, querido. Que cuando te meta el dedo en el ojo te revuelvas de placer porque es el mío, que mis huellas dactilares te estimulen la pupila y mis falanges te pongan cara al sol con la sonrisa puesta. Que mi castidad y pureza te exciten tanto como para abalanzarte a mi tripa, juguetees con ella, lametees entera y nos echemos la siesta. Satisfechos los dos, recibida ya la extremaunción, la quintaesencia del amor.

Sigo soñando con ese ático y despertarme con tu desayuno de Barceló, porque nunca es pronto si la bebida es buena, y verte sacar el jugo de la caña (de azúcar) que me das es lo mejor que se puede echar uno a la boca. El sol me hace daño, soy pokémon de sombra, y mi abuela me increpa porque soy un jeta. Yo le digo que todos somos iguales a los ojos del Señor, ahí le rompo los esquemas. Con Dios no se juega, pero conmigo -que soy lo más parecido a Él en la Tierra- tampoco. No se juega, se juguetea. Pasa muchas veces que antes de empezar a jugar no te lees las instrucciones de uso, por eso yo voy siempre con la verdad por delante y aviso que puedo ser perjudicial para la salud. Quien no arriesga, no gana y quien no juega, desespera. Y quien no eyacula, se flagela.

Arturo Pérez Reverte - Miembras y carne de miembrillo

Posteado en Literatura con etiquetas, , , , , sobre Junio 29, 2008 por quintamaravilla

No se ha hecho esperar…

A la ministra española de Igualdad y Fraternidad, Bibiana Aído, que pasará a los anales de la estupidez nacional por lo del miembro, la miembra y la carne de miembrillo, le han dado en las últimas semanas las suyas y las del pulpo, así que no quiero ensañarme. Podría, puesto a resumir en dos palabras, llamarla tonta o analfabeta. Supongo que, ateniéndonos a su estólida contumacia cuando fue llamada al orden por gente respetable y docta, a esa ministra podrían irle como un guante ambos epítetos. Pero no lo creo. Quiero decir que no tengo la impresión de que Bibiana Aído sea tonta ni analfabeta. Por lo menos, no del todo. O lo justo. Lo que pasa es que está muy mal acostumbrada.

Bibiana Aído, que es de Cádiz, procede de esa nueva casta política de feministas crecida en Andalucía a la sombra del régimen chavista; que así, dándoles cuartelillo, las tiene entretenidas y goteando agua de limón. Esas pavas, que han convertido una militancia respetable y necesaria en turbio modo de vida y medro, no tienen otra forma de justificar subvenciones y mandanga que rizar el rizo con piruetas cada vez más osadas, como en el circo. La lengua española, que en este país miserable ha resultado ser arma política útil en otros ámbitos, les viene chachi. Por eso están embarcadas en una carrera de despropósitos, empeñándose, cuatro iletradas como son, en que cuatrocientos millones de hispanohablantes modifiquen, a su gusto, un idioma donde cada palabra es fruto de una afinada depuración práctica que suele ser de siglos, para adaptarlo por la cara a sus necesidades coyunturales. A su negocio.

Lo que pasa es que, en el cenagal de la política española, cualquier cosa viene de perlas a quienes buscan votos de minorías que, sumadas, son rentables. Sale baratísimo. Sólo hay que destinar unas migajas de presupuesto y darle hilo a la cometa. Así andan las Bibianas de crecidas, campando a su aire en una especie de matonismo ultrafeminista de género y génera donde, cualquiera que no trague, recibe el sambenito de machista. Y así andamos todos, unos por cálculo interesado y otros por miedo al qué dirán. Los doctos se callan con frecuencia, y los ignorantes aplauden. Incluso hay quienes, después de cada nueva sandez, discuten el asunto en tertulias y columnas periodísticas, considerando con gravedad si procede decir piernas cuando se trata de extremidades en una mujer, y piernos cuando se trata de un hombre. Por ejemplo.

En todo esto, por supuesto, la Real Academia Española y las veintiuna academias hermanas de América y Filipinas son enemigo a batir. Según las feminatas ultras, las normas de uso que las academias fijan en el Diccionario son barreras sexistas que impiden la igualdad. Lo plantean como si una academia pudiera imponer tal o cual uso de una palabra, cuando lo que hace es recoger lo que la gente, equivocada o no, justa o no, machista o no, utiliza en su habla diaria. «La Academia va siempre por detrás», apuntan como señalando un defecto, sin comprender que la misión de los académicos es precisamente ésa: ir por detrás y no por delante, orientando sobre la norma de uso, y no imponiéndola. Voces cultas, y no sólo de académicos –Alfonso Guerra se unió a ellas hace poco–, han explicado de sobra que las innovaciones no corresponden a la RAE, sino a la sociedad de la que ésta es simple notario. En España la Academia no inventa palabras, ni les cambia el sentido. Observa, registra y cuenta a la sociedad cómo esa misma sociedad habla. Y cada cambio, pequeño o grande, termina siendo inventariado con minuciosidad notarial, dentro de lo posible, cuando lleva suficiente tiempo en uso y hay autoridades solventes que lo avalan y fijan en textos respetables y adecuados. De ahí a hacerse eco, por decreto, de cuanta ocurrencia salga por la boca de cualquier tonta de la pepitilla, media un abismo.

Así que tengo la obligación de advertir a mis primas que no se hagan ilusiones: con la Real Academia Española lo tienen crudo. Ahí no hay demagogia ni chantaje político que valga. Ni Franco lo consiguió en cuarenta años –y mira que ése mandaba–, ni las niñas capricho del buen rollito fashion lo van a conseguir ahora. En la RAE somos así de chulos. Y lo somos porque, desde su fundación hace trescientos años, esa institución es independiente del poder ejecutivo, del legislativo y del judicial. Su trabajo no depende de leyes, normas, jueguecitos o modas, sino de la realidad viva de una lengua extraordinaria, hermosa y potente que se autorregula a sí misma, desde hace muchos siglos, con ejemplar sabiduría. De forma colegiada o particular, a través de sus miembros –que no miembras–, siempre habrá en esa Docta Casa una voz que, con diplomacia o sin ella, recuerde que, en el Diccionario, la palabra idiotez se define como «hecho o dicho propio del idiota».

Oníricos borbotones de grandeza

Posteado en Literatura con etiquetas, , sobre Junio 27, 2008 por quintamaravilla

Sueño, luego existo. Y luego me despierto. Sueño con un ático diáfano a la par que pagano, repleto de ídolos enfrascados en sus grandes libros. Las fotos y los cuadros son ventanas por las que miro: no hay futuro, no hay respiro. Rememoro viejos tiempos, buenos tiempos, en los que las morenas de turno pedían su turno y me trataban como un pedazo de carne. Siguiente, por favor, degústame y vete. Chúpame hasta los huesos y después échame a los perros. Y perras, muy perras son ellas porque han perdido su interés al ganar yo peso; no lo entiendo, ahora tengo más carne que nunca. Y perro, muy perro soy yo porque ladro y no muerdo, ni tengo nada que echarme a la boca.

Y allí donde la bolsa y el río suenan salgo de fiesta. Más bien me sacan, a la fuerza. Me tiran de la correa porque tantos chupitos van haciendo mella, y tengo la tripa llena de esta estúpida tarta de Santiago que me va a crucificar en una cruz que lleva mi nombre, único modo de extinguir y expiar mi vida. Me alzo al Olimpo de los Dioses cuando entro en la Razzmatazz, o en el Paraíso, no sé muy bien. Entre tanta fresca habrá alguna buena. Estoy en ese punto o puntillo en que la ataxia se apodera de hasta mi último pelo y no sé si echar a volar o caer desplomado. Cuando tú vas, yo vengo; y como por el camino yo me entretengo, pues casi mejor me quedo quieto y aquí te espero, no vaya ser que el destino o un estúpido sino me impida conocer a la niña de mis ojos. Oh, Penélope, haz y deshaz pero que tus tejemanejes no destruyan tu fidelidad platónica.

Salgo al portal de Belén y le toco el timbre. No baja, pero a falta de polvo es buen sitio para echar una siesta. No sé si dormido o despierto veo llegar a un viejo amor, no sé si correspondido o no, pero sí recuerdo que intercambiábamos correspondencia. Típica vasca que se hace la estrecha…ay…qué recuerdos… Pero no, se dio cuenta de que lo de casta y pura ya no se lleva y entró en tromba. Así no extraña la mojadura que se cogió la pobre, es lo que tienen los tormentos veraniegos.

Ya con el trabajo hecho y recuperada la buena conciencia, perdí la consciencia y desperté. Uy qué temprano. Uy, qué marrano. Existo, luego no existo.

Risto Mejide - Me molo

Posteado en Literatura con etiquetas, , , sobre Junio 25, 2008 por quintamaravilla

Me molo. Que sí, que me molo mucho. Qué pasa. Es como un algo que me supera, me apetece y que viene de mí para volver a mí mismo, pero mejorado.

Es como si una legión de ex modelos cirujanas hubiese estado currando durante décadas sobre mi cutis perfecto y mi tersa piel, que ahora luce brillante y sedosa, coño, porque yo lo valgo. Es como si las neuronas más listas y empollonas estuviesen continuamente celebrando un simposium internacional de sudokus en números romanos dentro de este lujosísimo palacio de congresos que sostengo sobre mis hombros.

Me agoto a mí mismo de tanta mens, de tanto corpore, de tanto sano. De tanto yo, de tanto mí, de tanto me, de tanto conmigo.

Y hablando de mí, yo empecé a molarme un 8 de agosto de 1996 por la tarde. Lo recuerdo porque era jueves, y yo los jueves siempre he tendido a quererme mejor. Bueno, me quiero igual que siempre, pero como los jueves están a medio camino entre mis espléndidos lunes y mis espectaculares domingos, esos suelen ser los días en los que más me echo de menos.

Con el tiempo, mi amor por mí fue evolucionando, desarrollándose, hasta alcanzar primero la categoría embelesamiento y luego, por fin, de adoración. Cuanta más gentuza conocía, más me daba cuenta de que si había algo parecido a la perfección, desde luego no había que irse muy lejos. Mira que di vueltas, mira que busqué entre inútiles y al final la respuesta la tenía aquí mismo, dentro de este cuerpazo que dios me ha dao y que yo tan injustamente valoraba. Hoy, por fin soy la persona a la que más admiro, la mejor versión de mí mismo, lo más parecido a una deidad hecha hombre.

Y qué hombre, oiga.

Yo no entiendo cómo puedo vivir conmigo sin desmayarme. Intento evitar todos los espejos, porque eso que me devuelven, si soy yo, entiendo que por un momento se sientan cuadro. Y después de sentirse así, a ver quién es el guapo que vuelve a reflejar las cosas como si nada. Por su bien, intento pasar desapercibido, rápidamente, como sin pasar. Pero como entenderás, rara vez lo consigo.

Tú qué vas a entender.

Lo mismo me ocurre con mi belleza interior. Todo lo que me digo es tan creativo y tan gracioso que a veces hasta me tengo que dejar de escuchar.

Me pasa poco, pero cuando me pasa, igual llego a oír alguna de las babosadas que tengáis que decir los demás, que no hacéis más que interrumpirme, para después regresar con más fuerzas y ansias renovadas a la única música celestial que resuena tan aterciopelada y temperada, tan sabia, inteligente e ilustrada. La única voz que, tras años de incansable compañía, sigue iluminándome a través de este valle de nadies. La única voz que ha logrado lo impensable, que es captar todo mi interés.

Mira que hay que ser humilde para darse cuenta, pero una vez lo ves claro, oye, como que te rindes ante la evidencia, e incluso vives mejor. Yo lo he conseguido. Me molo. Me molo y aún no sé por qué me molesto en escribírtelo.

Hala, ya puedes dejar de leerme, que me agoto. Bueno, antes de irte, no te pierdas mi último cd barra libro barra espectáculo barra mamonada.

Te encantará.

Dosis de diosas

Posteado en Literatura con etiquetas, , , , sobre Junio 16, 2008 por quintamaravilla

Me despierto de la siesta. Pffff. Qué sopor, la sopa de pescado y las cervezas aún no se han evaporado en mi interior. Este sitio es raro. No sé si se me han pegado las lentillas o no las llevo puestas, pero mejor dejar la córnea donde está. No me incorporo porque estoy bien aquí tumbado. Hay mucho ruido, imagina unos bafles en su máximo esplendor. Aun así oigo cómo fluye el agua a lo lejos…un río, el mar. Me levanto y estoy en una cala de estas paradisíacas, y sorprendentemente está desierta. Con los pies pesados y sujetándome la tripa gorda me acerco a unas rocas. A por un poco de marisco o algo que llevarse a la boca.

De repente, una ola trae consigo mi postre. Es Celia Blanco, tan rubia ella, desnuda, como en sus mejores momentos. Parece una sirena pero sin cola (por suerte), y sin mediar palabra -porque ella no necesita presentación- me planta un beso de los de verdad. Primero degustando mi labio inferior como una gominola y después jugando con mi lengua, (casi) tan viperina como la suya. Satisfecho, me lanzo al mar a darme un bañito, pero noto algo raro. Es una sensación diferente, y es que no iba a la playa desde el verano pasado. Abro la boca y me entra…cerveza. Coño, Pilsner Urquell. Resulta que este mar no tiene agua sino cerveza, debo de estar en el paraíso terrenal. A lo lejos veo a Homer, y su señora del moño azul bajo la sombrilla, mirándome con desdén. Sabe que soy el culpable de que su cariñito se haya echado a perder. Me aburro, y me meto en una botella para cambiar de playa, rumbo a Cala Leffe.

El oleaje acompaña y cambio de orilla. Allí estás tú. Con tu bikini de rayas. Las estrías en su sitio, muy bien puestas. Nos damos un beso como a escondidas, yo temo a Celia y tú a Neptuno, mi Diosa. Nos tumbamos al sol y disfrutamos de nuestra telepatía, sin palabras nos decimos todo. Nos metemos al agua y jugamos, reímos, cantamos, follamos. Nos fusionamos en un solo ser y nos juramos amor eterno, por telepatía, sin palabras nos decimos todo. A mordiscos nos lo comemos todo, a gemidos lo expresamos todo. Pero tú te tienes que marchar y yo no pinto nada aquí…

Llego a Gomera, que no Gomorra, y otra rubia me espera. Con los brazos abiertos (igual que sus otras extremidades), me acoge en sus turgentes senos y sin mediar palabra me empieza a hacer de todo. No sé qué coño pasa hoy que no habla nadie, ¿me habré quedado mudo? ¿Se me oye? ¡¿OIGA?! Después de una buena ración de sexo por los viejos tiempos, como por arte de magia me teletransporto a aquella habitación donde nunca consumamos, mi Diosa. Sales de la ducha en albornoz, desnudas tu hombro y me pongo malo, y cuando preguntas “¿qué me pongo?” me quedo callado, porque tapar ese cuerpo tiene que ser pecado. Me haces un pase de modelos, primero los pantalones verdes con los que te conocí y después los blancos con los que me enamoraste. El culo perfecto. Jamás estaré con una mujer tan preciosa como Tú, ni en sueños, ni en delirios de grandeza.

Suena la marcha nupcial y te acercas a mí, vestida de blanco, tan limpia y tan pura que me entra la risa. De la nada unos rastas cambian la música, venga, nos casamos por el rito hawaiano. Te pega más. Una pena que a la pregunta “¿quieres a este hombre como esposo?” no respondieras, te quedaste callada. Obnubilada. O asustada, que es más probable. Me bajaste del altar, pero yo no puedo hacer eso contigo; así que sacudo mi toalla, le quito la arena y me voy a dormir otro poquito…

Risto Mejide - El no ya lo tienes

Posteado en Literatura con etiquetas, , , sobre Junio 11, 2008 por quintamaravilla

Gracias a la pamplonica psicópata y bailarina.

Cuál es la mayor mentira que jamás te has contado. Ésa que te costó mucho contarte porque sabías que te costaría muy poco creerte. No vale cuando dijiste que erala primera vez que te pasaba, porque ahí creíste estar engañando. Tampoco cuando dijiste sí quiero, porque ahí sólo engañabas al cura. Ni cuando dijiste te echo tanto de menos, porque ahí engañaste a domicilio. Me refiero a la mentira íntima más gorda, fea y cochina que jamás te haya colado tu pro pia ilusión en su acepción más ilusa.

Déjame darte alguna pista. La venden por horas, por metros cuadrados e incluso por años trabajados. Existe la social, la privada, la personal y hasta la jurídica, aunque creo que esta última es un poco como Dios, todo el mundo la menciona, pero muy pocos parecen haberla visto. Y también como en ese caso, nadie está a salvo de su amparo, sobre todo porque en algún momento, todo el mundo ha necesitado pensar que existe.

Estoy hablando de esa mentira con la que cada vez es más divertido convivir. Estoy hablando de la gran mentira íntima al alcance de todos los bolsillos. Estoy hablando de eso a lo que llamamos seguridad.

No hay nada más mentira que estar seguro de algo. Ni nada más peligroso que estar en posesión de la verdad. En su versión cotidiana, nada peor .. que tener razón. La gente que tiene respuestas para todo llegan a presidente de los Estados Unidos, así que ándate con cuidado. Y la gente que tiene preguntas para todo son las que inventaron las vacunas conocidas, así que toma nota. Asegurarse, un verbo detrás del cual se nos ve la pluma de la ignorancia, el plumón de la idiotez y el plumero del miedo.

Lo peor es que, como militante de la venta a discreción, te puedo asegurar que no hay industria más rentable que la del miedo. El miedo es impersonal, transferible y terriblemente contagioso, se propaga sin costes de transporte y encima, con cada contagio, va mutando el virus, con lo que se hace cada vez más imposible su erradicación definitiva.

Al fin y al cabo, qué hay de malo en arriesgarse. O mejor, qué hay de bueno en no arriesgarse. Sufrir de lo mismo que sufrimos ya, pero más tarde. Seguir como estábamos, pero con menos tiempo para estar como estábamos. En definitiva, estar peor que estábamos, pero encima creyéndonos que estamos igual.

Arriesgarse es enfrentarse a decibelios de envidia. Sufrir de sordera ante el qué dirán. Pero es que es comprensible que genere envidias alguien que decide atenerse a las consecuencias de vivir la vida de uno, y no la de los demás.

A cada instante, una gran parte del mundo está a punto de casi todo. Él a punto de llamarla, ella a punto de cogerlo, el otro pensando si debería, aquella decidiendo si lo hace o no. Malos a punto de ser buenos, buenos a punto de hacerlo peor. Oportunidades a punto de crisis, trabajos a punto de paro, relaciones a punto de caramelo, infidelidades a punto de perder su fe. Todos paralizados por no plantearse qué es lo peor que les puede pasar, qué es lo mejor que les puede dejar de pasar.

Hoy rompo todas mis lanzas por aquellos que se arriesgan.

Y caen.

Aunque sea en la cuenta.